El próximo aumento tiene fecha y dependerá del dolar y las elecciones

Acaban de subir hasta 7,2%. Y hay pendientes nuevos ajustes. El próximo toca a fin de octubre

A menos que haya una devaluación fuerte del peso frente al dólar, la próxima recomposición en el precio de los combustibles será en la última semana de octubre o noviembre. Así lo explican, en privado, ejecutivos del sector, representantes de las estaciones de servicio y fuentes oficiales.

El domingo, los combustibles aumentaron hasta 7,2%. Eso fue el reflejo de la depreciación del peso durante el trimestre abril-junio. El próximo cambio debería darse en octubre. Para saber su magnitud, habrá que esperar la evolución de la relación precio-dolar hacia fines de septiembre, que es cuando se define la actualización de importes del cuarto trimestre.

Pero en las subas de los combustibles también tallan la cotización internacional del petróleo crudo y sus variantes locales. Es imposible predecir que pasará allí.

Sin embargo, la mayor razón para aplacar un aumento son las elecciones legislativas. La próxima revisión petrolera llegará tres semanas antes de los comicios generales. YPF, que suele encabezar incrementos, es de mayoría accionaria estatal. Y la compañía no tomará una decisión que dañe las chances electorales del oficialismo.

Todo dependerá de la relación peso-dolar. Si se mantiene estable en los próximos tres meses, no habrá aumentos. Y aún si tuviera variaciones, dependerá del nivel de las mismas. “Si el peso se devalúa un 2-3%, se hablará con el sector para que aguante un poco, hasta pasadas las elecciones. Pero si la devaluación es mayor, las compañías tendrán menos margen para esperar”, razonaron desde distintos eslabones del sector energético.

El Gobierno tuvo sus vaivenes en relación al último aumento. Un sector más político quiso frenarlo, pero el ministerio de Energía optó por cumplir lo que había firmado con las compañías. Los estrategas electorales oficiales lo hicieron con un ojo en octubre: esperan que las empresas entiendan las necesidades de ese momento y posterguen un incremento tras la conclusión del turno electoral.

Un ex referente de los estacioneros salió ayer a agitar la bandera de un nuevo aumento. “No hay motivos para decir que algo va a volver a pasar, porque hay que esperar los próximos tres meses para saber qué pasará en la próxima revisión”, aclaró Carlos Gold, presidente de la cámara Cecha. “El precio del barril local estaba a US$ 70 en un momento y ahora está a US$ 55. No se puede predecir. Lo que sucedió esta vez es que hubo un desfase con el tipo de cambio (en relación al 1° de abril) y eso explica el último aumento”, justifica Gold.

El representante de las estaciones de servicio fue un paso más allá. “En abril, mayo, junio, los precios de los combustibles bajaron, mientras que los productos de los supermercados estuvieron subiendo. Si ahora quieren culpar a la nafta y al gasoil hasta de la suba del frasco de la mermelada, me pregunto: ¿esos precios disminuyeron mientras la nafta y el gasoil no subían o bajaban?”, planteó Gold.

Con el último incremento, el país volvió a las primeras posiciones entre los más caros de la región para llenar el tanque, en dólares (US$ 1,17 por litro). Solo es superado por Uruguay. Hasta un importador, como Chile, es unos centavos más económico.

Al igual que sucede con otros productos -como los coches, cuyos precios en dólares son más elevados que en países vecinos-, la carga tributaria es uno de los causales de la diferencia. En el país, cada litro de nafta paga un 42% de impuestos. En Brasil, con 39% de tributación, ese producto se despacha en torno a un promedio de US$ 1,11. En cambio, en Paraguay, los impuestos son del 13% y eso hace que el importe a los consumidores sea de menos de US$ 1.

En Estados Unidos, cada litro se despacha a menos de US$ 0,70 (US$ 0,68) pero su carga impositiva es del 19% de promedio entre los estados.

Por Martín Bidegaray
Clarín